Las startups son aquellas organizaciones que emplean varios procesos orientados a la creación neta de riqueza dentro del sector privado: la iniciativa empresarial, la innovación, el capital humano inteligente, la conjugación del riesgo con la rentabilidad financiera, la orientación al cliente y la pequeña empresa como motor del emprendimiento. Este fenómeno puede considerarse por su propia estructura un agente extraordinario de la transformación económica por su flexible capacidad de adquisición de los beneficios de la tecnología aplicada a la comunicación abierta e interactiva y el uso de las plataformas de red.
En las startups se traza la frontera entre la innovación y la gestión empresarial, donde se toma la decisión de convertir el conocimiento y las áreas de excelencia en negocio a través de una iniciativa empresarial definida como: “a risk-taker who invests his time, energy, and/or capital to create a new product, process, or service that has resonance within a given community”. (READY, Kevin. Startup: An Insider’s Guide to Launching and Running a Business. Apress, 2011).
Este paradigma se puede considerar iniciado desde finales del pasado siglo XX por las primeras empresas tecnológicas que transforman las TIC en productos de gran consumo. Surgen así, entre otras, Microsoft, Apple, Hewllet Packard,… Adquiere su apogeo posteriormente, arrancado el siglo XXI, cuando aparecen las plataformas sociales como formas evolucionadas de consumo con la generalización del uso y producción masiva de información y la disminución de los costes empresariales en la creación de valor por las TIC. Finalmente, en los albores de la gran crisis económica y financiera de 2008, la paralización de sectores clave y el desempleo, invocan al emprendimiento y la innovación empresarial bajo la forma de las startups.
En nuestro entorno europeo y meridional, la fórmula de colaboración pública-privada que había caracterizado la innovación empresarial, languidece por la crisis del déficit público, complicada en su conexión con la paralización de las formas de financiación privada de capital riesgo debida a la acumulación del déficit privado y la limitación del crédito. La salida de la internacionalización limita el acceso de los mercados exteriores a organizaciones medianas y grandes o la exportación de mano de obra cualificada, procesos ambos opuestos al paradigma de la innovación y su capitalización empresarial. No obstante, la invocación al modelo de emprendimiento con las posibilidades de las startups como forma espontánea de superación de la crisis y transformación del modelo productivo recuperan su vigencia. La evolución de las políticas de crédito público de la UE parecen llamadas a determinar si su curso adquirirá la forma de complemento de las grandes empresas o podrá, junto a la extensión del acceso al crédito privado, rehabilitar el sentido originario de la innovación hacia la pequeña iniciativa empresarial

